Principio 1: Entregar valor sobre hacer
- Marcial Atiénzar
- 14 dic 2025
- 5 Min. de lectura

La trampa más invisible del mundo profesional
Parte de la serie: Los 9 Principios del Pragmatismo
Cierras la tapa del portátil. Son las 18:30 de un viernes. Sientes ese peso específico en los párpados y una ligera tensión en los hombros. Ha sido una semana de "locos", para variar. Tu calendario parecía una partida de Tetris imposible, tu Slack no ha dejado de escupir notificaciones y has saltado de llamada en llamada sin apenas tiempo para comer.
Llegas a casa y alguien te hace la pregunta más inocente del mundo:
-- "¿Qué tal la semana? ¿Qué has conseguido?"
Respondes con el piloto automático:
-- "Buah, una locura. A tope, sin parar un momento".
Pero entonces, mientras te duchas o conduces, una sensación incómoda te golpea el estómago. Intentas recordar un hito concreto. Algo que hayas terminado. Algo que haya mejorado realmente y te das cuenta de que, a pesar de las 50 horas invertidas y el agotamiento mental, no sabrías señalar una sola cosa que sea sustancialmente diferente hoy respecto al lunes pasado.
Es como correr en una cinta de gimnasio: sudas mucho, le dedicas mucho esfuerzo, pero sigues en el mismo sitio.
Es en ese momento de silencio cuando deberías hacerte la pregunta que lo cambiará todo:
"¿Qué ha cambiado en mi empresa porque yo estuve aquí esta semana?"
No "¿qué hice?".
No "¿cuántas horas eché?".
Ni siquiera "¿cuántas tareas cerré?".
Sino: ¿Qué valor real he entregado?
Si te cuesta encontrar la respuesta, o si solo puedes responder con una lista de actividades ("tuve reuniones", "hice informes", "contesté emails"), bienvenido al problema más extendido del trabajo moderno.
No es que no trabajes duro. Es que has caído en la trampa de confundir el movimiento con el avance.
La diferencia vital: Movimiento vs Acción
James Clear hace una distinción brillante que es la base de este principio:
Movimiento (Hacer): Es planificar, investigar, reunirse, coordinar. Te hace sentir que estás progresando, pero no produce un resultado por sí mismo.
Acción (Entregar valor): Es la conducta que produce un resultado tangible.
El movimiento es seductor porque es un refugio. Nos permite sentirnos ocupados sin el riesgo de fallar. Puedes pasarte la semana entera en "movimiento" (reuniones, planes, emails) sin haber entregado una sola pieza de valor real.
El pragmático sabe que hacer es un medio y que el valor es el fin.
El espejo: Los 3 antipatrones del "Hacer por Hacer"
Para entender por qué nos pasa esto, tenemos que mirar nuestras agendas con honestidad brutal. En el Manifiesto de los Antipatrones detallamos muchos comportamientos tóxicos, pero hay tres que son los culpables habituales de esa sensación de "viernes vacío". Lo más seguro es que te reconozcas en alguno de ellos.
1. El Tetris de Jira (La falsa productividad)
La escena: Es jueves. Has cerrado 15 tickets de "mantenimiento menor", "actualizar textos" y "revisión de backlog". Ves las columnas vaciarse y sientes una descarga de dopamina. Te sientes productivo como nunca antes.
La realidad: El problema crítico de onboarding, ese que hace perder al 10% de los clientes cada día, sigue sin tocarse porque "es demasiado complejo y no cabe en el sprint".
El diagnóstico: Estás optimizando la velocidad, no la dirección. Corres muy rápido hacia ninguna parte, priorizando lo fácil de medir sobre lo importante de lograr.
2. La fábrica de informes (El burócrata perfeccionista)
La escena: Tu jefe pide un EAC mensual. Pasas 6 horas maquetando una presentación preciosa, ajustando colores y buscando la gráfica perfecta. En la reunión, se presentan los datos, nadie hace preguntas, y se pasa al siguiente tema. El informe se archiva y muere.
La realidad: Confundes el envoltorio con el regalo. Has gastado 6 horas en "Compliance" (cumplir) y 0 minutos en "Insight" (valor).
El diagnóstico: El pragmático hubiera enviado un email de 5 puntos con las conclusiones y hubiera usado esas 6 horas para arreglar el problema que el informe señalaba.
3. La reunión zombi (El ladrón de tiempo colaborativo)
La escena: Miércoles, 10:00 AM. "Weekly de alineación". Hay 8 personas en la sala. El coste hora de esa reunión supera los 600 €. Durante una hora, cada uno cuenta lo que hizo ayer (información que ya está en el sistema). Al salir, nada ha cambiado. Nadie tiene una tarea nueva. Ninguna decisión se ha desbloqueado.
La realidad: Estás usando la reunión como sustituto del trabajo real. Reunirse se siente como trabajar, pero a menudo es una forma sofisticada de procrastinar en grupo.
El diagnóstico: Si sales de la sala con las mismas dudas, tareas y decisiones con las que entraste, no has trabajado. Has asistido a una ceremonia social carísima.
La solución: El framework del Valor
La inercia es poderosa. Para salir de la trampa del "hacer", necesitas instalar un filtro mental consciente.
Antes de abrir el portátil o aceptar CUALQUIER tarea, pásala por estas 3 preguntas de control:
1. El filtro de la intención
Hazte la pregunta prohibida: "¿Qué cambia en el negocio si esto sale bien?"
Si la respuesta es: "Que habremos cumplido el proceso". ALERTA ROJA.
Si la respuesta es: "Que el equipo de ventas tendrá un argumento para cerrar al cliente X". LUZ VERDE.
2. El filtro del destinatario
Ahora nos hacemos la siguiente pregunta: "¿Quién está esperando esto con impaciencia?"
El trabajo con valor siempre tiene un receptor específico con una necesidad urgente. Si estás creando algo "para que esté ahí por si acaso" o "para documentación futura", lo más seguro es que sea basura especulativa.
3. El filtro del éxito
Y terminamos con la siguiente pregunta: "¿Cómo sabré que ha funcionado?"
Define el éxito por consecuencias, no por ejecución.
Malo: "Éxito es entregar el diseño el viernes." (Eso es actividad).
Bueno: "Éxito es que desarrollo pueda implementar esto sin hacerme preguntas." (Eso es valor).
Aplicación avanzada: El sprint del Valor
La mayoría organiza su calendario por "tipos de actividad" (bloque de emails, bloque de reuniones). El pragmático organiza su calendario por problemas a resolver.
Prueba esto la próxima semana: En lugar de listar 20 tareas, escribe en un post-it los 3 Problemas que debes matar esta semana (ej: "Reducir tiempo de carga", "Contratar al diseñador", "Cerrar acuerdo con proveedor").
Todo lo que hagas debe tributar a uno de esos 3 problemas.
¿Ese email ayuda al Problema 1? Contesta. ¿No? Ignora o delega.
¿Esa reunión ayuda al Problema 2? Ve. ¿No? Rechaza.
"Pero es que mi jefe..." (Defensa personal pragmática)
Sé lo que estás pensando. "Muy bonito, pero si no hago el informe inútil, mi jefe se enfada".
Aquí está el secreto: A tu jefe no le importan los informes. Le importa la sensación de control y que los problemas desaparezcan.
Cuando dejas de "hacer por hacer", tienes que aumentar la visibilidad de tus resultados:
No digas: "No voy a hacer el informe, no aporta valor". (Suena rebelde).
Di: "He visto que el informe me llevará unas 4 horas. Te propongo sustituirlo por un email resumen de 10 minutos y dedicar esas 4 horas a resolver [El Problema que le quita el sueño a tu jefe]. ¿Te parece bien el cambio?"
Nadie en su sano juicio te dirá: "No, prefiero que pierdas el tiempo y no resuelvas mi problema crítico".
Conclusión
Volvamos a ese viernes por la tarde del principio. Imagina que estás cerrando el portátil, sigues cansado, sí pues el trabajo duro cansa. Pero esta vez, cuando te preguntan "¿qué tal la semana?" cuando llegas a casa, sonríes y respondes:
"Ha sido buena. Desbloqueamos el proyecto X y arreglamos el problema Y".
Esa satisfacción tranquila es la señal de que has dejado de ser un hámster en la rueda.
Has dejado de hacer. Has empezado a entregar.
¿Quieres profundizar?
Este es el Principio 1, pero el sistema tiene trampas profundas, algunas las acabamos de ver, pero quedan muchas otras. Si sientes que tu cultura de empresa te empuja inevitablemente a la mediocridad del "hacer", lee los Antipatrones del Pragmatismo para identificar a los enemigos invisibles de tu productividad.
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